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Tambor largo fabricado de madera,
en este caso del árbol de javilla, también
se hace de aguacate o cualquier otra madera
resistente. La piel es de chivo o vaca. Está fijado
a la base con sogas de fibra sintética,
que en algunos casos es cabuya. El tambú puede
llegar a medir hasta cinco pies y es uno de
los objetos sagrados del gagá dominico
haitiano. Antes de ser utilizados, los instrumentos
deben de ser consagrados por el sacerdote o
sacerdotisa.
Con colores y tonalidades roja, blanca y azul
como simbolizando los colores de la bandera
nacional, este tambor se convierte también
en una forma particular de comunicación
con las deidades que se apersonan en las enramadas,
transformadas y decoradas para la ocasión
en las que se reciben a los visitantes terrenales
y sagrados.
De procedencia haitiana, el gagá ha
llegado para instalarse en el mundo espiritual
dominicano, siendo un culto socioreligioso,
relacionado con el vudú pero con personalidad
propia y que solo se escenifica en Semana Santa,
aunque no está directamente vinculado
a las celebraciones católicas, más
bien podría pensarse en un parentesco
con cultos a la fertilidad en África,
porque abril es el inicio de la primavera y
muchas culturas del mundo a su vez reverencian
la tierra como germinadora de vida.
Con una promesa que dura siete años,
los adeptos al culto que pueden ser dominicanos,
dominicanos de origen haitano o haitianos residentes,
se hacen asiduos a la convocatoria que se inicia
el jueves santos, se amanece para el viernes
y luego los grupos (conocidos en Haití como
Bandas de Rará), se desplazan por comunidades
aledañas y lejanas, contagiando con
su música y sabor a los pobladores y
distanciándose un poco de su carácter
estrictamente sagrado para secularizarse en
su recorrido.
Mayores, Reinas, Presidentes, Capitanes, Dueños
y otros mandos jerárquicos de procedencia
occidental, hacen de este culto una estructura
de matices diversos. Rígidamente pautada
por ritos y ceremonias muchas de ellas secretas,
el gagá se convierte en una especie
de lucha entre el bien y el mal, profundamente
sensual su danza, altamente penetrante su música,
con motivos sagrados su feligreses, el gagá es
una de las más extrañas manifestaciones
religiosas de nuestra diversidad cultural y
el tambor el alma de la ceremonia y cuyo enfriamiento
se considera un maleficio que podría
diluirlo por lo que sobre él se centra
una atención particular, su calor trasmite
la sintonía que necesitan los participantes
para mantenerse vitales y el fuego de la fogata,
su otro símbolo vital, donde se considera
que anidan los dioses protectores del culto.
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