Con
forma de mariposa con formas de alas abiertas,
esta hacha podía tener un uso cotidiano,
como objeto de guerra o de defensa personal.
Con hendidura en su centro, su canal servía
para colocar en ella un mango o madera que, atado
con cabuya, se convertía en un objeto
a veces de gran tamaño y pesado.
Su técnica de fabricación aprovechaba
muchas veces, la parte pulimentada natural de
la cara frontal de una piedra y su parte posterior
era retocada, convirtiéndola en un objeto
de uso permanente, hecha a partir del sílex
o el granito, esta última con procedimientos
de fabricación algo distintos al sílex
debido a que se prestaba menos al desprendimiento
de sus partes y sus caras frontales era más
rugosas y menos lisa.
A pesar de su uso cotidiano, su estética
era representada por figuras geométricas
en bajo relieve, con un sentido simbólico
que filtra el interés artístico
de estos grupos preagrícolas, presentes
en objetos de uso diario a los cuales se les
agregaba, en algunos de ellos, incisos que lo
convertían en verdaderas obras de arte.
Sus formas variaban desde unas alargadas con
cintura en el centro y otras más redondas
con ondulaciones laterales. La mayoría
de estos objetos cotidianos eran pulimentados.
Las investigaciones realizadas por el Museo
del Hombre Dominicano y la Universidad Autónoma
de Santo Domingo para los años de 1970-71
hicieron posible el hallazgo de importantes yacimientos
(Azua, San Pedro de Macorís, el cibao,
Distrito Nacional y La Altagracia), que permitieron
el conocimiento de estos primeros asentamientos
y sus formas culturales características
incluida, su cultura material.
De tradición recolectora y cazadora,
los grupos preagroalfareros, compartieron su
producción material, además del
hacha mariposoide con otros instrumentos de igual
valor para su supervivencia en el estado seminómada
en que vivían: manos cónicas, objetos
en coral, picos y otros instrumentos en concha,
metate y pulidores en coral, martillos y lascas
en sílex, morteros en rocas ígneas,
etc. La alimentación que le acompañó se
basaba en caracoles, crustáceos, frutas,
aves, raíces silvestres, peces, ostiones,
caracoles terrestres, entre otros alimentos,
y cuyos instrumentos le servían como ajuar
y de labranza. |