| De
tradición católica, la ermita constituye
una de las expresiones de arte sacro popular vigente
en nuestros campos y barrios de las principales
ciudades. Apegada, como muchas de las manifestaciones
de la identidad, a una vieja creencia y un compromiso
que va más allá de la comunidad quedando
involucrada una familia y una persona en particular,
la ermita es fiel reflejo de esa fe religiosa de
nuestro pueblo, siendo de construcción ligera
y liviana, ya que muchas veces suele ser desplazada
de un lugar a otro lo cual aligera su porte.
Su decoración, diseño y retoques
representan el esfuerzo por engalanar el lugar
donde reposa como residencia, el santo familiar
o comunitario, su fabricación es obra
de artesanos expertos en la confección
de este tipo de objeto cultual que a la vez que
respeta cánones y símbolos sagrados,
deja colar por igual el talento de un artesano
popular que se encarga de darle terminación
artística. El punteado de nuestra pieza
del mes y los trazos lineales compuesto de varios
colores, embellece la ermita y a la vez simbolizan
los colores del santo.
Una vez fabricada la ermita, otra persona de
la comunidad o de la familia se encarga de vestir
y decorar interiormente la misma y al santo o
virgen, de forma que con dicha iniciativa quede
satisfecho el santo de reverencia. Es decir que
en la preparación y decorado de la ermita
se articulan artesanos y otras manualidades para
concebir una obra bellamente terminada, convirtiéndose
entonces en más que un objeto cultual,
también en una expresión genuina
de arte sacro popular, cumpliendo a la vez la
función de reverencia divina y estéticamente
agradable.
La necesidad de rendir culto a determinados
santos considerados por la comunidad o la familia
responsable de su protección, como benefactores,
obligó al campesino nuestro a crear sus
propios altares en miniatura, muchas veces como
forma de particularizar el culto, individualizando
la veneración a través de la ermita,
cuidada y protegida como si se tratara del santo
en persona. La tradición oral, la fe y
el compromiso de quienes asumen la responsabilidad
de su mantenimiento, han posibilitado la preservación
de esta vieja forma de sacralidad, expresión
misma de una devoción y un arraigo del
catolicismo popular en una parte importante de
nuestras gentes del pueblo.
Precisamente, en el Centro León se exhibe
la Exposición De Oficio Pintor. Arte colonial.
Colección Patricia Phelps de Cisneros,
en su Sala de Exposiciones Temporales María
Asensio de León, mostrando la misma una
selección de más de 30 importantes
obras de arte sacro venezolano colonial. De importancia
resulta resaltar que el artista en esa época
era más bien valorado como artesano. Viviendo
de su trabajo y en ausencia de una presencia
material de iconos y referentes simbólicos
sagrados, desarrolló una producción
u oficio que ayudó a suplir la demanda
cultual en América, creándose un
arte sacro popular, como el representado en esta
pieza del mes, como una analogía, de prácticas
culturales populares compartidas.- |