| Dibujo de
composición horizontal, realizado a partir
de un ensamble constituido por tres imágenes
de tamaños diferentes. La primera ofrece
un barco de papel esquematizado, visto desde arriba,
el cual es centro de un torbellino de líneas
energéticas. La segunda imagen es un sujeto
de perfil en medio de planos, rodeado de símbolos
metafóricos de la añoranza. La tercera
es una representación abstracta, de impresión
marítima y vegetal.
El habitual proceso de factura de Julio Valdez
propone realizar obras independientes que incorpora
en mosaicos. En este caso, la obra cuenta con
tres bloques entre los que dialogan elementos
que sintetizan de manera metafórica la
identidad como tema nuclear, generando una amalgama
entre lo íntimo y las condicionantes del
entorno social. Se distinguen en la composición
símbolos frecuentes, con un discurso y
lectura constantes. El mosaico en sí mismo
es apropiado como recurso para representar la
fragmentación e integración de
diversas influencias culturales en el continente
americano. El barquito de papel alude a la infancia,
al viaje y al reflejo de memorias a punto de
desaparecer. La silueta presenta un punto de
síntesis entre una visión autobiográfica
y la búsqueda de un símbolo universal
para el hombre común, en un contexto convergente
entre planos físicos y espirituales. Junto
a la silueta superpuesta al paisaje esquematizado
pueden verse otros íconos de dimensiones
religiosas, todos corporales: El Sagrado Corazón
y espinas alrededor del cuerpo en una silueta
como una versión de San Sebastián.
Por último, en el tercer bloque, de menores
proporciones, se perciben hojas lanzadas al viento
y especies vegetales en proceso de gestación.
Toda la composición presenta colores desvanecentes
y contornos vacilantes que reafirman en el discurso
de la obra la idea de transitoriedad.
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