Como
muchos artistas contemporáneos dominicanos,
Ricardo Toribio busca referencias en la realidad
social, el entorno y las tradiciones de su país.
En una composición cuadrada nos presenta
una escena cargada de movimiento y color, de
la que forman parte tres hombres, una mujer,
varios instrumentos musicales y accesorios diversos,
propios de la celebración de un gagá.
Predominan colores cálidos en varias tonalidades
de rojo, naranja y amarillo en las típicas
vestimentas de los personajes, contrastados con
tonos grises que se perciben en planos posteriores.
Todos los
personajes ejecutan una acción;
algunas de las partes de su cuerpo se extienden
más allá de los límites
del formato. Es una obra de cromatismo intenso
y trazo
ondulante que combina evocaciones, fantasía
y folclor, elementos presentes en un gagá.
Enmarcadas en una atmósfera de agitación,
estas celebraciones son realizadas durante la
Semana Santa en bateyes o centros azucareros.
Llegaron
a República Dominicana por migraciones
haitianas. Con el tiempo se han criollizado,
dando como resultado
un gagá dominicano.
En el gagá hay una estructura particular
de jerarquías, en la que los participantes
desempeñan una función determinada
y se identifican claramente por sus trajes
vistosos y su forma de bailar.
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