Una
lata de sardinas, con su tapa medio enrollada,
contiene numerosas casas de madera, agolpadas
o muy juntas. La escultura aparece colocada directamente
sobre el suelo, para de esta forma producir una
apreciación visual por parte del observador
desde un plano más elevado del usual.
Esta pieza escultórica, elaborada con
diversos materiales ensamblados, expone un discurso
simbólico acerca del hábitat marginado
tercermundista y la designación a esta
situación con una expresión o decir
popular alusivo a la estrechez o apreturas que
el hacinamiento produce, dada la gran cantidad
de personas reunidas en un lugar.
Esta escultura recoge asimismo la preocupación
del autor por la depredación del medio ambiente,
amenazado por la pobreza y los estilos de contemporáneos
de vida.
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